Mostrando entradas con la etiqueta cosquillas en el estómago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cosquillas en el estómago. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de enero de 2012

Los Juegos del Hambre, sinsajo ll.

Peeta y yo volvemos a unirnos. Aún hay momentos donde él aprieta la parte
trasera de la silla y se sostiene hasta que los recuerdos se han terminado. Yo
despierto gritando de pesadillas sobre mutos y niños perdidos. Pero sus brazos
están ahí para confortarme. Y finalmente sus labios. En la noche en que siento
esa cosa de nuevo, el hambre que me controló en la playa, sé que esto habría
pasado de todas formas. Que lo que necesito para sobrevivir no es el fuego de
Gale, encendido por la rabia y el odio. Tengo bastante fuego en mí misma. Lo
que necesito es el diente de león en la primavera. El amarillo brillante que
significa renacer en vez de destrucción. La promesa de que la vida puede
continuar, sin importar lo malo de nuestras pérdidas. Que puede ser buena de
nuevo. Y sólo Peeta puede darme eso.
Así que después, cuando él susurra:
―Tú me amas. ¿Real o no real?
Le digo:
―Real.

domingo, 22 de enero de 2012

Pero miren como pasa el tiempo.

Revisando entre las páginas antiguas de mi diario, encontré algo que me envolvió en emociones. La nostalgia quizás haya sido una de las que más se notó.

#Miércoles, 29 de Diciembre de 2010:                                                                             19:33 hs
"...y adivinen a quien vimos, sí, a él. Mi pobre corazón dio un vuelco, y trataba de salir de mi cuerpo para meterse en su bolsillo, así sería oficialmente suya, pero como comenzó a acelerarse, paró. No fue muy gratificante verlo. Me imaginé un reencuentro en el que mi corazón diera brincos por... no sé, 20 minutos, pero me encontré con que dio brincos por 20 segundos. Quizás lo estoy olvidando... en fin, vino con la noticia de que había rendido mal inglés, eso significa que tiene en febrero 3 materias. Es un caso difícil el de su estupidez. De todos modos, eso no me incumbe"


Y entonces ahí me percaté, de que yo puedo llegar a querer mucho a... bueno, ustedes ya saben quien, pero jamás lo voy a querer como lo quise a... bueno, este otro que ustedes ya saben bien, porque a él lo conocía, con él contaba cuando me sentía mal (bueno, durante un tiempo) y con él estaba feliz. Lo malo que tiene es que hace sentir que es tu mejor amigo cuando está con vos, pero después te deja ahí, sola como una tarada esperando a que te venga a saludar, te deja rogando por él, pero conmigo era aún peor. Le cumplía todos los caprichos. Cosa que quería, cosa que tenía.
Me acuerdo del día que se enteró que yo gustaba de él, el muy cara rota me dijo que no se había dado cuenta de nada. ¡TRES AÑOS, NENE, TRES! Bueno, en realidad, solo estuve consiente de cuanto me gustaba un solo año, pero siempre sentí cosas por él. Era tan obvia. La manera en la que lo miraba hacer las cosas, la manera en la que asentía y estaba de acuerdo en todo lo que decía. Sus amigos sabían, él no. ¿Entienden por qué era un caso difícil el de su estupidez?

Y todavía se me mueve todo cuando lo veo en los cumpleaños.

El parisino.


-Bonjour- dijo el dueño de la tienda de helados cuando nos vio entrar a mí y a Faustin por la puerta.
-Bonjour- respondimos ambos al unísono. El señor sonrió de costado y clavó su mirada en mi… mi amigo.
-Faustin, qui le goût de la crème glacée?—pregunto el amable señor, a lo que Faustin contestó algo que no entendí. No es que haya entendido lo que dijo el hombre tampoco, pero bueno.
-Chocolat et fraises- dijo, y a los 2 minutos, el dueño de la heladería, que al parecer se llamaba Pierre, nos lo entregó.  Faustin le agradeció y Pierre farfulló algo que no pude entender, con una gran sonrisa, mientras me miraba.
- Vous faites un beau couple- Faustin me miró, sonrió,  y miró a Pierre.
- Elle n'est pas ma copine, mais merci. Je voudrais qu'il soit.- El hombre sonrió, negó con la cabeza mientras ambos reían y se marchó.
-¿Qué te dijo?—pregunté curiosa mientras caminábamos. - ¡Faustin, no puedo seguir aquí en Francia sin saber francés! - Rio estruendosamente. La pequeña onda que se formaba en su flequillo dorado se removió con el viento. Yo enterré más adentro las manos en los bolsillos.
-¿Y por qué lo dices como si fuera mi culpa?—Me quedé pensando un momento.
-Desearía haber nacido en Paris… o al menos haber venido antes. Conocerte antes. - Susurré eso último, pero él pudo escucharlo. Sonrió de lado sin mostrar su perfecta dentadura, y sus bellísimos ojos verdes se posaron sobre los míos, marrones, normales.
-Si hubieras nacido aquí, no te parecería tan asombroso- Tomó mi mano y su piel calentó la mía, que se había congelado ni bien dejó mi bolsillo. La boina que adornaba su cabeza lo hacía ver aun más maravilloso, con esa piel cobriza que hacía juego con su cabello, rubio. Y me dejé llevar, me dejé llevar por su sonrisa en la cual me había quedado a vivir ni bien puse un pie en Francia.
Primero, había sido solo un simple vecino, luego, un amigo. Pero cuando descubrí que siempre que salía con él a tomar fotos su cara estaba en la mayoría de ellas, noté que estaba enamorada. Él era mi amor, mi modelo, mi musa.
El flash iluminó el lugar por un instante para luego desaparecer. Me encantaba.
Su expresión de niño, con una risita apunto de salírsele, estaba plasmada en mi foto. Su mirada estaba centrada en el carrusel,  y las luces de colores se reflejaban en su pupila dando un efecto totalmente artístico. Le sonreí a la cámara.
-¿No has pensado en ser modelo, Faustin?—Pregunté curiosa.
-¿Crees que tengo lo suficiente?—Hizo otra pregunta yo levanté una ceja.
-¿Estas cargándome? Eres perfecto, niño- fijó su vista en mí, yo corrí la mía, como profesional evasora que era. -No me has dicho aún que dijo el hombre de la heladería, esa frase en francés-
-Eres buena cambiando de tema- ¿Acaso acababa de descubrirlo? Oh, pequeño Faustin, eso no es novedad.
-Tu tampoco me estas respondiendo. ¿Qué dijo Pierre?
-¿Qué hay de importante en lo que dijo ese señor?—cuestionó aún sin responder.
-Me estaba mirando y reía, quiero saber de qué- el muchacho se alejó hacia la rueda de la fortuna dejándome hablando con el viento. Entre el ruido de las otras personas, pude oir cómo me llamaba.
-Veronique, ven a ver esto. ¡Subamos, subamos!—rogó cuando llegué a su lado. Era todo un niño cuando quería. -Vamos, Vero- suplicó cuando me negué. Esa manera de llamarme Vero, su acento francés. Dios mío, estaba perdida. -¿Sabes qué es lo que más quiero hacer cuando me subo a estas cosas?
-¿Qué?—inquirí yo.
-Darle un beso a alguien que me importe realmente- me confesó.
-Ven y bésame entonces- contesté, pero luego, arrepentida por haberme dejado llevar por el momento y haberme dejado en exposición frente a él, comencé a carcajearme como su hubiera dicho el chiste más cómico del mundo.
Dejé de reírme cuando sentí sus labios sobre los míos.

-Juliette… ¿me harías un favor?—pregunté a mi mejor amiga.
-Claro dime, Vero- cantó con su tono característico.
-¿Qué significa la frase “Vous faites un beau couple”?—dije tratando de recordar textualmente las palabras de Pierre ese día en la heladería-
-Ustedes hacen una hermosa pareja… ¿Por qué lo preguntas?—dudó con el entrecejo fruncido.
-Por nada, Julie, olvídalo- sonreí.


Glosario:
Bonjour: Hola.
Faustin, qui le goût de la crème glacée?: Faustin, que gusto de helado quieres?
Chocolat et fraises: Chocolate y frutilla.
Vous faites un beau couple: Ustedes hacen una hermosa pareja.
Elle n'est pas ma copine, mais merci. Je voudrais qu'il soit: Ella no es mi novia, pero gracias. Desearía que lo fuera.

lunes, 9 de enero de 2012

Los Juegos del Hambre, en llamas.


― ¿De verdad? ― Dice Peeta, tomando la nota de mi mano y examinándola. ― ¿Sabes lo
que significa esto? Tendremos todo el día para nosotros.
― Qué mal que no podamos ir a ningún sitio. ― Digo con nostalgia.
― ¿Quién dice que no podamos?
El tejado. Pedimos un montón de comida, cogemos algunas mantas, y vamos al tejado para
un picnic. Un picnic de un día completo en el jardín de flores con los tintineos de las
campanillas del viento. Comemos. Nos tumbamos al sol. Arranco viñas colgantes y uso mi
recientemente adquirido conocimiento del entrenamiento para practicar nudos y tejer redes.
Peeta me dibuja. Nos inventamos un juego con el campo de fuerza que rodea el tejado―uno
de nosotros le lanza una manzana y la otra persona tiene que cogerla.
Nadie nos molesta. Hacia el final de la tarde, estoy tumbada con la cabeza en el regazo de
Peeta, haciendo una corona de flores mientras él juguetea con mi pelo, alegando que está
practicando sus nudos. Después de un rato, sus manos se quedan quietas.
― ¿Qué? ― Pregunto.
― Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en él para
siempre.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

24 añitos.

No quería escribir nada porque me pongo algo sensible, pero no puedo dejar que tu primer cumpleaños (desde que soy fan) pase así como así. Poynter, vos no te das una idea de lo que significas para mí. No tenes ni la más pálida idea. Sos cada respiro que doy, cada paso, cada sonrisa. En cada carcajada mía estas vos. Te nombro todo el tiempo, te sueño, te amo, te odio, te vuelvo a amar. Siento cosas por vos que no siento con nadie.
 Me encantaría conocerte ¿sabés para qué? para poder decir que vi en carne y hueso a la persona más cercana a la perfección. Si me dieran la chance de poder decirte algo, te diría que tenes la sonrisa más hermosa que conozco y que sos lo más lindo que tengo (aunque en realidad no te tengo). Me sacas adelante siempre que tengo un problema, porque te miro y encuentro inspiración, una razón para seguir adelante con mi vida y para ayudar a mis amigas a seguir adelante con la de ellas.
Escuchar tu voz es... una de las mejores cosas que le pueden pasar a mis oídos. Me transmitís paz, alegría instantánea e inmediatamente una sonrisa boba aparece en mi cara. ¿Tonto, no? Mi corazón se salta un latido cuando te oigo.
¿Lo más ridículo de todo? Empecé a buscar el bajo en todos los temas desde que me 'enamoré' de vos. Sí, lo sé, soy tarada ¿pero qué le voy a hacer? me da un placer interno escucharlo, que no puedo ni expresarlo con palabras. Me da un 'adsfdafasdasdf', que me dura como por 20 minutos.
Te deseo felicidad en la vida, felicidad con McFly, con Lara, con todo. Gracias por, sin querer, hacerme feliz todos los días. Sos el aire que respiro Dougie, y no quiero que cambie.

sábado, 13 de agosto de 2011

Nueve meses han pasado.

El trece de noviembre de 2010, una amiga y yo tuvimos la oportunidad de cumplir un sueño: Ver en concierto a los Jonas Brothers.
Ese día me desperté temprano, no se si porque no tenía sueño, o por los nervios (apuesto más a la segunda) y empecé a organizar todo, a saltar, a cantar. Y así estuve hasta que me llevaron a la casa de esta amiga que, amablemente, se ofreció a llevarme junto a ella.
Llegamos aproximadamente a las ¿3, 4? No lo se en verdad. Solamente sé que llegamos y tuvimos que hacer una larga cola con otras chicas que también estaban llorando, porque si, nosotras estábamos al borde del llanto, o al menos yo.
Se que mucha gente no puede entenderlo, pero es lo que me pasa a mí, es como yo vivo las cosas. No tengo otra forma de expresar mi amor por ellos que llorando, o gritando, o cantando sus canciones, y no me importa que me llamen obsesiva, porque yo estoy orgullosa de ser así, y de tener amigas así. Estoy orgullosa de lo que ellos provocaron en mi en estos 4 años y nueve meses.
A una nena de 10 años le dijeron que iba a ser pasajero, ahora esa nena tiene 14. No se, ustedes fíjense.

lunes, 4 de julio de 2011

Extrañando mariposas.

¿Vieron ese momento en el cual lo único que querés hacer es sonreír?  Bueno, eso es lo que estoy viviendo ahora. No es normal, lo se, pero él saca cada una de mis sonrisas.
Mañana lo vuelvo a ver, escondida, en secreto, pero al menos lo veo. Lo estaba extrañando.
Extrañaba esas sonrisas pícaras que deja salir de vez en cuando, y también esa risa sincera que suele tener siempre.
Extrañaba oírlo, reírme de alguna tontería que se le ocurriese hacer, y que el sin darse cuenta, y sin ninguna intención, se riera conmigo.
Extrañaba pasar por su lado y sentirme viva, sentirme feliz.
Lo extrañaba. A él, si. Y mucho.
Deseo sentir esas mariposas que siento siempre, revoloteando dentro mío, y deseo también, con mucha fuerza, que de alguna manera se de cuenta de que existo. Todas las semanas deseo lo mismo.